*Fotografía de Marco Ortega.
Súbito, constreñido,
el sistema nervioso reacciona como un animal enjaulado ante
la incomodidad.
La distracción ya no basta.
La incertidumbre ha socavado todas las respuestas,
la muerte de la tentativa es inminente,
y el miedo emerge como un volcán enfurecido.
No podemos dejar de ver lo que nuestra conciencia mapeó con claridad.
Aunque el sentido de la orientación esté mermado,
hay que seguir este camino hacia el colapso.
El atajo se vuelve tortuoso,
y es en esta ceguera donde surge
la autenticidad más cruda.
Lo creativo nace en la liminalidad.
La presión rompe la estructura interna.
La imagen se desploma.
Hay dignidad en el derrumbe,
la vulnerabilidad devora lo estético
y la explosión neurótica se expresa
en la manifestación de la materia más densa.
Lo improductivo tiene su función.
Tiempo muerto.
La cuadratura genera una fricción nutritiva,
en lo más hondo,
aunque los pasos sean torpes,
existen pruebas y errores,
verificaciones que se sienten en el cuerpo.
Senderos, nuevas decisiones,
dispersan resistencias vanas,
agónicas.
Lo errático es humano.
La frustración ha crecido como una riada silenciosa,
inundando el ambiente y el ánimo
impregnando la mente-colmena,
de oscuridad.
La desaprensión es neblina y descaro,
falta de cuidado
estancamiento,
ceguera estéril.
Vía muerta.
La semilla de la renovación
nace de los lodos más opacos.



